Refuerza tus defensas con nuestros consejos

Actualizado: mar 9



Para evitar que enfermemos disponemos de un sistema de defensa que conocemos como sistema inmunitario. Está formado por células y órganos que nos ayudan a combatir las agresiones de factores externos (los antígenos). Es importante mantener nuestro sistema inmunitario en buen funcionamiento. Debe estar en alerta de forma continua. Así podrá actuar de forma rápida ante cualquier intento de invasión. Esto se consigue, principalmente, con una buena alimentación y manteniendo los niveles de estrés controlados.


¿Qué necesita nuestro sistema inmune de nosotros?

Debemos tener unos aportes diarios adecuados de vitaminas y minerales. Los más importantes son:


Vitaminas:

  • Vitamina A

  • Vitamina C

  • Vitamina D

  • Vitaminas del grupo B

Minerales:

  • Zinc

  • Selenio

  • Cobre

  • Magnesio

  • Manganeso

  • Potasio

  • Cromo

Asegurar unos aportes mínimos diarios de estas vitaminas y minerales nos ayudará a mantener nuestro sistema de defensa en buen estado. Así conseguiremos combatir a los atacantes, reduciéndolos y eliminándolos. Muchas veces incluso sin percatarnos de que hemos sido atacados.


Existen dos tipos de inmunidad:

Nuestro sistema inmunitario tiene dos formas de reconocer lo que nos ataca desde fuera. Por un lado, contamos con una inmunidad adquirida. Esta es la que nos dan nuestras madres en el momento del parto. Al pasar por el canal del parto vamos cogiendo las bacterias buenas de nuestras madres que nos ayudarán a protegernos en los primeros años de vida. Es la inmunidad que traemos de serie. A partir de ahí, desarrollaremos una inmunidad adquirida fruto del contacto con los diferentes agentes patógenos que nos encontremos a lo largo de nuestra vida. Podemos hacer un símil: nuestro sistema inmunitario sería como las Fuerzas de Seguridad del Estado y los antígenos que intentan entrar en nuestro cuerpo son los cacos. En el momento que el coronel del ejército (los linfocitos T) detecta un intruso (un antígeno), recluta al ejército de mandos (serían los linfocitos), para que estos se preparen para luchar con sus armas (macrófagos, interleucinas, interferones y prostaglandinas). Se activan una cascada de sustancias que van a intentar reducir y eliminar la entrada de cualquier intruso.


¿Y por qué es tan importante la forma en que comemos?

El ejército tiene que proteger nuestros muros (la pared celular) para evitar la entrada de los antígenos. Estos muros contienen unas grasas que debemos aportar en nuestra alimentación. Son los ácidos grasos poliinsaturados como los omega 3 y 6. Estos confieren a las paredes celulares una estructura adecuada sin fisuras para una posible invasión exterior. El pescado azul, como las anchoas, los arenques, el salmón o los boquerones, son una buena fuente de ácidos grasos poliinsaturados.


La vitamina A también es necesaria para una correcta formación de la piel y de las mucosas. No olvidemos que la piel es la primera barrera de nuestro organismo. Nuestro primer sistema de defensa. Son fuentes de vitamina A los huevos, el hígado, las margarinas de buena calidad y los lácteos.


La vitamina C es muy necesaria para nuestras defensas. Cada vez son más los estudios que avalan su efecto sobre nuestro sistema inmune. Está disponible en los cítricos como los limones, las naranjas y los kiwis.


Es necesario que este ejército de soldados no se agote rápido. Que estén en buena forma. Para ello es necesario unos aportes adecuados de vitaminas del grupo B. Se encuentran en hortalizas, legumbres, frutas, cereales integrales. La carne también contiene mucha vitamina B. Pero algunas carnes también son ricas en ácido araquidónico. Una sustancia que produce inflamación mermando así el número de soldados para combatir. Recuerda: el consumo de carne debe ser moderado.


Los minerales como el cobre, el zinc, el magnesio, el manganeso, el selenio o el cromo también son necesarios para que todo funcione correctamente. Las cantidades adecuadas que debemos consumir a diario de estos minerales son muy pequeñas. Pero son indispensables.



En casos de dietas mal balanceadas, suplementar con complementos alimenticios adecuados puede ayudarte a conseguir los aportes de vitaminas y minerales diarios necesarios. En la farmacia te podemos asesorar sobre cuál se adapta mejor a tus necesidades y ritmo de vida. Ten en cuenta que estos nunca sustituyen a una buena alimentación. Pero puede ser útil en épocas dónde necesitamos una ayudita extra.


¿Y lo del estrés cómo me afecta?

En situaciones de estrés, las concentraciones de las sustancias de las que hemos hablado se ven disminuidas. Es decir, consumimos más recursos de lo habitual. Es importante mantener unos adecuados niveles de estrés, llevar un ritmo de vida relajado y dormir un mínimo de horas. De lo contrario nuestro sistema de defensa bajará la guardia haciéndonos más susceptibles a padecer enfermedades.

Nuestro equipo te recomienda:

  1. Mantener una dieta sana y equilibrada. Debe estar basada en alimentos frescos, cereales integrales, frutas y verduras

  2. Consumir menos carne y más pescado azul

  3. Disminuir el consumo de azúcares refinados, bollería industrial, bebidas y zumos azucarados

  4. Evita el alcohol

  5. Deja de fumar

  6. Duerme bien. Mantener unas horas de descanso adecuadas es muy importante.

  7. Realizar 30 minutos de ejercicio diario. Algo suave como caminar, correr, bicicleta, nadar, …

  8. Controla el estrés. Es fácil decirlo, pero no tanto hacerlo. Practicar yoga o la meditación te pueden ayudar a reducir tus niveles de estrés


Publicación escrita por: Enrique

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